domingo, 30 de octubre de 2011

sólo por escribir

Trompetas fúnebres me recuerdan que si fuera joven de nuevo, volvería una vez más a amar sin el mayor desenfreno, dicen lo que dicen, porque cierto es, es el alma, el corazón, el que tiene la edad que tú tienes, no importa cuanto lleves, pero a veces sabes que has vivido lo suficiente o que te falta aún, y por eso quisiera ser de nuevo el joven enamorado y no el adulto resignado, para el que las trompetas son el camino de la marcha triunfal y no el camino al sepulcro final.

Ser de nuevo aquel joven, pero esta vez sin ideas estúpidas, aquel que realmente puede cambiar el mundo y no aquel que el mundo lo cambia a diario, aquel que construye las historias mágicas y no sólo se conmueve con las que escucha de afuera. Pero me volví añejo, me deje llevar por la no creencia, el amor no se repite, y tampoco la esperanza, como los padres, sólo hay uno en toda tu vida, y define como será tu lecho de muerte.

Y bailo sin pareja, en un enorme salón, bailo en una fiesta donde soy el único invitado, me imagino historias, me imagino romances, no quiero ceder, no quiero perder, pienso y vuelvo a pensar, siempre debería ser delito ser tan racional, siempre debería ser delito el quejarse por lo que ha de pasar, echarse a llorar bajo violines que insisten en que bailemos, mientras desgarran el intestino de otro, de alguien que ya terminó de sufrir, así es hecha la música, de las entrañas del que ya sufrió se saca su experiencia en notas musicales.

Vendrá uno, vendrá otro, ninguno más vendrá, sólo llegaremos por azar. Y así nos iremos pues nada más importará....