Cuando la esperanza se va de tu mente,
no se recupera como recuperas un objeto a tus manos,
porque la esperanza se lleva de tu cabeza
aquellas voces que te hacen andar,
se quedan solas las voces que te oprimen más.
La esperanza cierra puertas y ventanas,
tapona cualquier posibilidad de luz,
y ningún buen pensamiento florece,
te oprime la tristeza hasta el fondo,
en la oscuridad te desubicas,
pierdes el sentido, pierdes la forma,
todo pesa más, y no importa,
nada importa.
Decir que ves todo lejos, es mentira,
porque no ves nada,
pierdes tu mente como si perdieras
un brazo o una pierna,
has intentado correr sin una pierna?
igual de fácil es ser feliz cuando te apagas,
cuando no hay llama,
cuando ni siquiera queda la brasa.
Algunos, aprenden a hacer fuego de la nada,
otros divagan,
hasta que dan con alguna ventana y la abren,
pero no todos dan con eso,
no por capacidad, sino porque a veces la oscuridad pesa,
pesa tanto que moverse es imposible,
ni para hacer fuego, ni para encontrar ventanas.
A veces se hace gustar, por su sabor o su olor,
se hace gustar por tacto,
y aunque lo repudiamos,
viola todo dentro de la cabeza,
oscuridad abusadora, que te secuestra
y te hace pensar que sufres de síndrome de Estocolmo.
Otras veces,
las veces más tristes de todas,
cuando solo dejas de ver,
caminas, caminas
y caminas más,
sin rumbo,
con miedo,
impotente,
hasta dar con un abismo,
y no tener miedo de saltar.