Miro al cielo, estático pero dinámico,
el cielo que tú también ves,
aunque estemos a kilómetros de distancia física,
y a años luz de conexión.
El cielo sigue ahí, aunque no es el mismo,
no sé que más esta viendo aquel cielo,
yo me siento en medio de la nada,
pero me doy cuenta que estoy en medio del todo.
Estoy justo donde la vida empieza,
en el mismo lugar donde mis pulmones reciben vida.
El otro todo es tan sólo un cúmulo de acumulaciones,
porque la vida que nos enseñan, es también una redundancia.
La falta de señal, para algo que no soy yo,
la falta de minutos, cuando ya no hablo ni conmigo mismo,
exceso de retratos en una mesa sin espacio,
en un espacio sin tiempo, sin vivir el momento.
El otro todo es la nada, y estoy en un lugar feliz,
en medio de la noche negra como mi humor,
justo frente a las estrellas que miran a los ojos,
con la luz suficiente, para hablar con mi mente.
En medio de todas las dudas de la charla,
sólo quedan los suspiros de un tiempo que se perdió,
de un camino que no nos empeñamos en andar,
de efímeros intentos por construir felicidad.
Sin ganas ni voluntad, eres capaz de mantener el statuo quo.
La fuerza de la palabra radica en el hecho, en la acción.
Cuántas veces has dicho que lo harás?
Cuántas veces lo has hecho realmente?
Se cuidadoso entonces,
que la vida debe ser vívida y vivida,
que el cielo se mueve,
y tú sigues ahí de pie,
creyendo que existe la nada.