se escapa el cielo de mis manos y mis manos quieren no escapar de tu cabello, tan oscuro que atrapa la luz de la que está hecha mi ser, si supiera que eras presente cuando me ahogaba en el pasado no te hubiese negado tres veces antes de nuestro amanecer. No hay nadie que se oculte a los ojos de la verdad, y puedo verme traspasado por lo que no es más que el hilo del control.
No eres destino ni eres camino, no eres salvador ni eres encanto, no eres cosas mágicas, por que la magia es la realidad feliz, esa cosquilla extraña y dolorosa que sientes antes de culminar un beso, ese momento de no pensar cuando tus labios no encuentran otro camino que seguir unidos. Tan sublime en tu boca, tan triste sin tu cuerpo, pero aún más complejo es que soy débil sin tu presencia.
Soy tu texto encantador, aquel que tatué en tu clavícula, aquel que leíste al espejo, aquel que no pudiste olvidar, siendo aún más que un curioso acerca de tus demandas, siendo un pequeño haz de presencia en tu intrincada oscuridad, no más que la noche que en su luz emerge desde una luna tímida y se convierte en amanecer, llámalo consecuencia, pero hoy tu y yo nos hemos descubierto como el uno para el otro.
miércoles, 27 de febrero de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
Oda a ATV
De la inquietante calma que destruye tu cerebro, de aquella parsimonia de los actos suspendidos, de los puntos de quiebre de tu vida, viene la composición que desata el nudo de tu estómago, con calma sorprendente, con energía envolvente, con la acción para el alma que debe permanecer en movimiento.
No hay voces en tus oídos que te digan que piensan cuando suenan en su sonido, sólo aquel dios destructor de todo karma, de toda desesperanza, de toda desazón, no te da respuesta, no esa que quieres oír, te da sólo la tranquilidad para que retomes tus pasos, no es signo ni símbolo de nada porque sólo la inspiración de las luciérnagas pueden poner los tonos en su ritmo.
Aunque ella no te conoce, parece que lo hiciera, por que sus guitarras te dan respuestas sin habla, sólo lenguaje, mis ojos ahogados en su jugo dicen que lo he escuchado, mis labios tan juntos que no especulan sólo escuchan, mis oídos ya no son míos, son cómplices de ese sonido que sólo sabe transportarme a donde mis pies no pesan.
Son miradas al cielo, son noches de luces inquietas, es mi amor por lo que siento y escribo, es sentir que hago algo bien, mis sentidos aumentados que entran en razón, mis ideas que me dicen que me equivoco en mi camino, que el que espera no avanza, que el que no avanza no se mueve, que el que no se mueve se pudre.
Deja esa guitarra que hable y hable más, deja ese sonido penetrar mi cabeza sin miedo alguno, sin prevención, dame más de esa paz, de ese olvido, la memoria es enemiga de la razón, la memoria es válida cuando se sustenta del presente, y este presente es música, música que continúa inundando mi cuerpo...
ATV: http://www.youtube.com/watch?v=28lOW27Sbfc
No hay voces en tus oídos que te digan que piensan cuando suenan en su sonido, sólo aquel dios destructor de todo karma, de toda desesperanza, de toda desazón, no te da respuesta, no esa que quieres oír, te da sólo la tranquilidad para que retomes tus pasos, no es signo ni símbolo de nada porque sólo la inspiración de las luciérnagas pueden poner los tonos en su ritmo.
Aunque ella no te conoce, parece que lo hiciera, por que sus guitarras te dan respuestas sin habla, sólo lenguaje, mis ojos ahogados en su jugo dicen que lo he escuchado, mis labios tan juntos que no especulan sólo escuchan, mis oídos ya no son míos, son cómplices de ese sonido que sólo sabe transportarme a donde mis pies no pesan.
Son miradas al cielo, son noches de luces inquietas, es mi amor por lo que siento y escribo, es sentir que hago algo bien, mis sentidos aumentados que entran en razón, mis ideas que me dicen que me equivoco en mi camino, que el que espera no avanza, que el que no avanza no se mueve, que el que no se mueve se pudre.
Deja esa guitarra que hable y hable más, deja ese sonido penetrar mi cabeza sin miedo alguno, sin prevención, dame más de esa paz, de ese olvido, la memoria es enemiga de la razón, la memoria es válida cuando se sustenta del presente, y este presente es música, música que continúa inundando mi cuerpo...
ATV: http://www.youtube.com/watch?v=28lOW27Sbfc
martes, 19 de febrero de 2013
Sin título No. 1
De los días más oscuros, de las hojas pospuestas,
de las letras muertas, de las libretas en llamas,
de los corazones cansados, de los ojos adormilados,
de mi más sincero respeto, de mi adentro entero.
Tan difícil de caer muerto, tan complicado de entregarse
al olvido, tan perplejo ante la pesadumbre, tan mío
que soy yo.
Importo aunque no te importe, libre aunque sin
libertad, sin quejas ni motivos, sin rejas ni cejas,
sin pestañas ni ojos que no vean para que el corazón
no sienta, sin oídos para que no escuche, ni boca
para que no te invoque....
de las letras muertas, de las libretas en llamas,
de los corazones cansados, de los ojos adormilados,
de mi más sincero respeto, de mi adentro entero.
Tan difícil de caer muerto, tan complicado de entregarse
al olvido, tan perplejo ante la pesadumbre, tan mío
que soy yo.
Importo aunque no te importe, libre aunque sin
libertad, sin quejas ni motivos, sin rejas ni cejas,
sin pestañas ni ojos que no vean para que el corazón
no sienta, sin oídos para que no escuche, ni boca
para que no te invoque....
domingo, 17 de febrero de 2013
Capítulo 6. Editor
Tenía algo así como 23 años cuando Ella movió cielo y tierra para conseguirme una cita con el editor de la 'EF editores', el señor, poco accesible, resultó ser un gran amigo de uno de sus tíos, el cual, después de bastante insistencia de parte de Ella, y sin yo saberlo, consiguió que la llevara a un almuerzo con Héctor Negrette, el dichoso editor. Según me contara después el mismo Héctor, Ella se deshizo en halagos a mi obra de una forma magistral, me decía: "Nunca vi a alguien que vendiese mejor a un autor", y aunque nunca fue un amante ni admirador de mi obra, siempre me trató como a un hijo.
Era octubre, y acababa de volver de un corto viaje, llegué sin avisar a nadie, siempre he tenido momentos en los que me quiero desconectar de todo, a Ella le molestaba en el fondo esos arranques míos de soledad, yo lo sabía, aunque Ella nunca lo haya dicho, como solía hacer. Diría que ella es a la única persona a la que le puedo reconocer cualquier gesto que quiera ocultar, tristezas, alegrías, mentiras, las detectaba hasta en el tono de Su voz por teléfono, en la forma en que terminaba las frases, aún cuando dice algo que parece normal a toda vista, y si hoy lo sé, es porque cuando creía que estaba delirando en celos o inseguridad, el destino me permitió comprobar que realmente la había aprendido a conocer bastante bien.
Nos vimos de nuevo tres días después de haber vuelto, veía claramente en su rostro como quería estar molesta conmigo, pero a la vez, no se aguantaba las ganas de contarme algo que me haría muy feliz, sus ojos en su molestia brillaban y se abrían más y más, tan sólo su ceño forzosamente fruncido me demostraba que hubiese querido recogerme en el aeropuerto, llevarme a mi casa, hacerme un masaje y hacerme el amor después de contarme aquella gran noticia. Es curioso pero las buenas noticias o los momentos de felicidad, siempre me excitan, me excitan muchísimo y Ella lo sabía y aprovechaba bastante bien. Aún así, sabía que también le había molestado haber esperado para contarme, así que la invité a comer, decidí llevarla a un restaurante en La Macarena que me había recomendado una de mis hermanas, pedí vino antes de la comida, y brindé por verla, porque lo que más fácil me sacaba de mis momentos de tristeza eran mis ganas de escuchar su risa y de ver el gesto de sus ojos cuando estaba realmente alegre.
Cuando terminé de hacer mi brindis, ella no aguantó más, y me dijo: "Te conseguí una cita con Héctor Negrette, está interesado en conocer tu obra, y me dijo que si le gusta podrías comenzar con una participación en un libro de cuentos que 'EF' va a sacar a finales de año", todo en un sólo bocado, un chorro de agua directo a tu cabeza. Yo al principio no capte la idea, como pasa ante noticias muy buenas, como que tu cerebro se bloquea, y comienzas a comer a trozos aquel buen pedazo de felicidad. Cuando comencé a reaccionar, comenzaron las preguntas de rigor, "cómo así?", "cómo hablaste con él?", "cuéntamelo todo!", no sabía ni que preguntar, sólo pensaba que era una gran oportunidad, y es que para ser honesto, a mí sí me emocionaba aquella posibilidad de ser muy bueno en lo que sentía que mejor hacía, que millones de ojos sean seducidos por tus letras, a pesar de mi actitud y personalidad de ermitaño, no quería que mi obra fuera para pocos, no quería ser leído por un liviano grupo de sujetos que se creyeran dueños de la verdad intelectual y literaria.
El día de aquel almuerzo, en el que conocí por primera vez a Héctor, Ella lo saludo muy familiarmente, como si fuese un tío suyo más, Héctor iba acompañado de su esposa, la cual, era una mujer bastante imponente, llamaba la atención de todo el restaurante, sin ser la mujer más hermosa, o más grande de aquel sitio, pero algo así como su energía, te golpeaba de lejos, y sentías la necesidad de voltear a mirar, me miró, sonrió, y dijo: "te imaginaba distinto", esta frase de ella, casi me fulminó en un primer instante, pero al ver su sonrisa pícara, noté que me estaba probando, que aunque ella no decidía, si era un actor importante del negocio de su esposo y por eso había asistido también. El saludo de Héctor fue firme, fuerte, me generó confianza inmediatamente, pensé que si no le gustase mi obra, me lo diría de frente, no se inventaría cosas para eludirme, lo cual, también me dejó desenvolverme más tranquilamente.
Aquella descalificación realmente rompió el hielo, me ubicó donde debería estar, cuando, siendo un artista te van a contratar para difundirte, no te sientas a hacer negocios, sino a tener química, cuando es el arte el que importa, porque cuando importa el dinero que puedas ganar por hacer lo que te digan, dejas de ser aquello que estabas buscando. Por eso, mi emoción era abundante pero desconfiada, no sabía que me diría o pediría aquel editor que era admirado por muchos. Yo tenía claro a dónde no llegaría, pero la delgada línea entre un consejo para que mejores y una imposición para que vendas es imperceptible, menos frente a alguien que decide en parte sobre tu carrera. La química fue mejorando en la medida en la que la reunión avanzaba, y era buena porque no gustábamos de lo mismo, al contrario, discrepábamos mucho de lo que nos parecía bueno o malo, pero gustábamos totalmente de las razones por las cuales éramos seducidos cada uno por lo nuestro, y nos respetábamos eso.
Ella había hecho llegar a manos de Héctor algunos capítulos del libro 'Día de sueños', y también algunos textos sueltos que gustaba de escribir. Eso me sorprendió un poco, y no miento cuando digo que me hacía sentir lleno de alegría el saber como Ella se había movido por mí, cómo creía y materializaba su creencia que yo era muy bueno en esa labor. Mientras hablábamos de lo leído, sentí deseos hacia Ella, deseos que quemaban desde mi ombligo hasta mis rodillas, agitando ligeramente mi respiración.
- 'Siento que puede haber talento en tu imaginación y en la forma de retratarla... Decía Héctor, mientras mi mano tomaba por sorpresa Su rodilla, acariciaba la parte interna de su muslo, tomándola fuerte. - '... pero creo que en algunos apartes tu mente va más rápido que tu pluma y pierdes al lector incauto...' Proseguía y yo afirmaba con la cabeza, mi mano sentía el finalizar del encaje de sus medias pantalón, mientras mi muñeca era apresada por el terminar de su falda. - '.. diría que es un tema más de revisión, el artista joven a veces carece de esa autocrítica, y el viejo, no sale de ella en su afán de superarse...' Su falda cedía un poco, se arrugaba sobre el nacer de su pierna y mi dedo meñique sentía el borde de su ropa interior, toda mi mano podía percibir el calor que emanaba, la miré ligeramente y Ella tenía engatillada ligeramente esa sonrisa que me indicaba que estaba tan caliente como yo. Perdía sus palabras por momentos mientras mi imaginación recordaba el camino que ya había recorrido antes. - '... y coincido con mi personal de confianza, que también estuvo leyendo tus escritos, cuando decimos que serías un autor que vale la pena tener en nuestra editorial...' y mi meñique ya había abordado por debajo de su ropa interior, sentía aquella humedad sencilla que antecede a la tormenta, que en su caso, viene después de la calma.
Cuando mi mente volvió en sí, respondí diciendo: - 'Es en serio?', a lo que por primera vez escuche la risa que marcaría mis siguientes años de escritor, con su respuesta de siempre: 'Por supuesto... creo que nunca me dejará de sorprender tu desparpajo'. Mi sonrisa no cabía dentro de mi rostro, me despedí con un apretón regular de mi mano izquierda que es carente de fuerza, su esposa sólo sentenció ese almuerzo con: 'tendrás mucho ´éxito de la mano de mi esposo, es un gran hombre'.
Volvimos a mi apartamento y no tenía suficientes manos para tocarla y mantenerla pegada a mi cuerpo, para quitarle su ropa y besarla, para hundir mis dedos en su cabello, quería hacerle el amor tres veces en un mismo instante, quería sentirla en mi cuerpo en cada milímetro que pudiera sentir, la quería, la amaba, y ese día no sabía como demostrárselo, o lo hacía, pero yo era ambicioso, sin entender que el amor es humilde, y que ya ella se sentía cubierta por mí. Sus delicados labios me besaban todo el cuerpo, era un sencillo pacto o una traicionera maldición, sellábamos aquella noche el cuerpo del otro, no sé el de ella, pero el mío nunca volvió a responder igual a otro cuerpo.
Así comenzó mi profesión como un arte público, así entregué mi energía a alguien que no siempre la entendería del todo, porque no hay venda más inmanejable que la que el orgullo pone en nuestros ojos, por eso algunos prefieren estar con aquellos a quienes sienten inferiores, aunque sus corazones estén bajo el sello de otro, y tardaría tiempo en descubrir ese orgullo en mis ojos.
Era octubre, y acababa de volver de un corto viaje, llegué sin avisar a nadie, siempre he tenido momentos en los que me quiero desconectar de todo, a Ella le molestaba en el fondo esos arranques míos de soledad, yo lo sabía, aunque Ella nunca lo haya dicho, como solía hacer. Diría que ella es a la única persona a la que le puedo reconocer cualquier gesto que quiera ocultar, tristezas, alegrías, mentiras, las detectaba hasta en el tono de Su voz por teléfono, en la forma en que terminaba las frases, aún cuando dice algo que parece normal a toda vista, y si hoy lo sé, es porque cuando creía que estaba delirando en celos o inseguridad, el destino me permitió comprobar que realmente la había aprendido a conocer bastante bien.
Nos vimos de nuevo tres días después de haber vuelto, veía claramente en su rostro como quería estar molesta conmigo, pero a la vez, no se aguantaba las ganas de contarme algo que me haría muy feliz, sus ojos en su molestia brillaban y se abrían más y más, tan sólo su ceño forzosamente fruncido me demostraba que hubiese querido recogerme en el aeropuerto, llevarme a mi casa, hacerme un masaje y hacerme el amor después de contarme aquella gran noticia. Es curioso pero las buenas noticias o los momentos de felicidad, siempre me excitan, me excitan muchísimo y Ella lo sabía y aprovechaba bastante bien. Aún así, sabía que también le había molestado haber esperado para contarme, así que la invité a comer, decidí llevarla a un restaurante en La Macarena que me había recomendado una de mis hermanas, pedí vino antes de la comida, y brindé por verla, porque lo que más fácil me sacaba de mis momentos de tristeza eran mis ganas de escuchar su risa y de ver el gesto de sus ojos cuando estaba realmente alegre.
Cuando terminé de hacer mi brindis, ella no aguantó más, y me dijo: "Te conseguí una cita con Héctor Negrette, está interesado en conocer tu obra, y me dijo que si le gusta podrías comenzar con una participación en un libro de cuentos que 'EF' va a sacar a finales de año", todo en un sólo bocado, un chorro de agua directo a tu cabeza. Yo al principio no capte la idea, como pasa ante noticias muy buenas, como que tu cerebro se bloquea, y comienzas a comer a trozos aquel buen pedazo de felicidad. Cuando comencé a reaccionar, comenzaron las preguntas de rigor, "cómo así?", "cómo hablaste con él?", "cuéntamelo todo!", no sabía ni que preguntar, sólo pensaba que era una gran oportunidad, y es que para ser honesto, a mí sí me emocionaba aquella posibilidad de ser muy bueno en lo que sentía que mejor hacía, que millones de ojos sean seducidos por tus letras, a pesar de mi actitud y personalidad de ermitaño, no quería que mi obra fuera para pocos, no quería ser leído por un liviano grupo de sujetos que se creyeran dueños de la verdad intelectual y literaria.
El día de aquel almuerzo, en el que conocí por primera vez a Héctor, Ella lo saludo muy familiarmente, como si fuese un tío suyo más, Héctor iba acompañado de su esposa, la cual, era una mujer bastante imponente, llamaba la atención de todo el restaurante, sin ser la mujer más hermosa, o más grande de aquel sitio, pero algo así como su energía, te golpeaba de lejos, y sentías la necesidad de voltear a mirar, me miró, sonrió, y dijo: "te imaginaba distinto", esta frase de ella, casi me fulminó en un primer instante, pero al ver su sonrisa pícara, noté que me estaba probando, que aunque ella no decidía, si era un actor importante del negocio de su esposo y por eso había asistido también. El saludo de Héctor fue firme, fuerte, me generó confianza inmediatamente, pensé que si no le gustase mi obra, me lo diría de frente, no se inventaría cosas para eludirme, lo cual, también me dejó desenvolverme más tranquilamente.
Aquella descalificación realmente rompió el hielo, me ubicó donde debería estar, cuando, siendo un artista te van a contratar para difundirte, no te sientas a hacer negocios, sino a tener química, cuando es el arte el que importa, porque cuando importa el dinero que puedas ganar por hacer lo que te digan, dejas de ser aquello que estabas buscando. Por eso, mi emoción era abundante pero desconfiada, no sabía que me diría o pediría aquel editor que era admirado por muchos. Yo tenía claro a dónde no llegaría, pero la delgada línea entre un consejo para que mejores y una imposición para que vendas es imperceptible, menos frente a alguien que decide en parte sobre tu carrera. La química fue mejorando en la medida en la que la reunión avanzaba, y era buena porque no gustábamos de lo mismo, al contrario, discrepábamos mucho de lo que nos parecía bueno o malo, pero gustábamos totalmente de las razones por las cuales éramos seducidos cada uno por lo nuestro, y nos respetábamos eso.
Ella había hecho llegar a manos de Héctor algunos capítulos del libro 'Día de sueños', y también algunos textos sueltos que gustaba de escribir. Eso me sorprendió un poco, y no miento cuando digo que me hacía sentir lleno de alegría el saber como Ella se había movido por mí, cómo creía y materializaba su creencia que yo era muy bueno en esa labor. Mientras hablábamos de lo leído, sentí deseos hacia Ella, deseos que quemaban desde mi ombligo hasta mis rodillas, agitando ligeramente mi respiración.
- 'Siento que puede haber talento en tu imaginación y en la forma de retratarla... Decía Héctor, mientras mi mano tomaba por sorpresa Su rodilla, acariciaba la parte interna de su muslo, tomándola fuerte. - '... pero creo que en algunos apartes tu mente va más rápido que tu pluma y pierdes al lector incauto...' Proseguía y yo afirmaba con la cabeza, mi mano sentía el finalizar del encaje de sus medias pantalón, mientras mi muñeca era apresada por el terminar de su falda. - '.. diría que es un tema más de revisión, el artista joven a veces carece de esa autocrítica, y el viejo, no sale de ella en su afán de superarse...' Su falda cedía un poco, se arrugaba sobre el nacer de su pierna y mi dedo meñique sentía el borde de su ropa interior, toda mi mano podía percibir el calor que emanaba, la miré ligeramente y Ella tenía engatillada ligeramente esa sonrisa que me indicaba que estaba tan caliente como yo. Perdía sus palabras por momentos mientras mi imaginación recordaba el camino que ya había recorrido antes. - '... y coincido con mi personal de confianza, que también estuvo leyendo tus escritos, cuando decimos que serías un autor que vale la pena tener en nuestra editorial...' y mi meñique ya había abordado por debajo de su ropa interior, sentía aquella humedad sencilla que antecede a la tormenta, que en su caso, viene después de la calma.
Cuando mi mente volvió en sí, respondí diciendo: - 'Es en serio?', a lo que por primera vez escuche la risa que marcaría mis siguientes años de escritor, con su respuesta de siempre: 'Por supuesto... creo que nunca me dejará de sorprender tu desparpajo'. Mi sonrisa no cabía dentro de mi rostro, me despedí con un apretón regular de mi mano izquierda que es carente de fuerza, su esposa sólo sentenció ese almuerzo con: 'tendrás mucho ´éxito de la mano de mi esposo, es un gran hombre'.
Volvimos a mi apartamento y no tenía suficientes manos para tocarla y mantenerla pegada a mi cuerpo, para quitarle su ropa y besarla, para hundir mis dedos en su cabello, quería hacerle el amor tres veces en un mismo instante, quería sentirla en mi cuerpo en cada milímetro que pudiera sentir, la quería, la amaba, y ese día no sabía como demostrárselo, o lo hacía, pero yo era ambicioso, sin entender que el amor es humilde, y que ya ella se sentía cubierta por mí. Sus delicados labios me besaban todo el cuerpo, era un sencillo pacto o una traicionera maldición, sellábamos aquella noche el cuerpo del otro, no sé el de ella, pero el mío nunca volvió a responder igual a otro cuerpo.
Así comenzó mi profesión como un arte público, así entregué mi energía a alguien que no siempre la entendería del todo, porque no hay venda más inmanejable que la que el orgullo pone en nuestros ojos, por eso algunos prefieren estar con aquellos a quienes sienten inferiores, aunque sus corazones estén bajo el sello de otro, y tardaría tiempo en descubrir ese orgullo en mis ojos.
miércoles, 13 de febrero de 2013
leeme escuchándome
Y quieto, mientras mi mente se pierde, me quemo.
Puede que tengas la razón, pero yo soy del montón,
y ahora me convirtieron en un regalo genérico.
Y quieto, muy quieto
para quemarme
más lentamente.
Puedo caminar con mis bolsillos vacíos, camino.
Aquí la naturaleza es más confusa, mis ojos
son lluvia, por que mis cejas son selva, olvidada.
No me puedo detener, aunque no haya avanzado,
porque no vale la pena huir sobre una banda que gira,
aún así, sigo huyendo con el mismo paisaje de siempre.
Puedo, si que puedo
tal vez no quiero,
tal vez no dejo.
El miedo, y 'darse oportunidades' es no tener certeza
de lo que brilla dentro de nosotros, tan confuso como
las estrofas que no van a ti ni a mí, así, en silencio...
...en tu pecho, escucho tu corazón... se acelera cuando sabe
que lo estoy escuchando, y tu respiración... pierde su
ritmo, pero tú insistes en decir, que es normal....
Puede que tengas la razón, pero yo soy del montón,
y ahora me convirtieron en un regalo genérico.
Y quieto, muy quieto
para quemarme
más lentamente.
Puedo caminar con mis bolsillos vacíos, camino.
Aquí la naturaleza es más confusa, mis ojos
son lluvia, por que mis cejas son selva, olvidada.
No me puedo detener, aunque no haya avanzado,
porque no vale la pena huir sobre una banda que gira,
aún así, sigo huyendo con el mismo paisaje de siempre.
Puedo, si que puedo
tal vez no quiero,
tal vez no dejo.
El miedo, y 'darse oportunidades' es no tener certeza
de lo que brilla dentro de nosotros, tan confuso como
las estrofas que no van a ti ni a mí, así, en silencio...
...en tu pecho, escucho tu corazón... se acelera cuando sabe
que lo estoy escuchando, y tu respiración... pierde su
ritmo, pero tú insistes en decir, que es normal....
viernes, 8 de febrero de 2013
los que van dejando
hoy me golpea fuertemente la realidad de la vida humana, y es que la realidad de la vida humana es terminar, eso no impide que la misma no se disfrute o se viva, pero se acaba, en el momento menos pensado, en el día más soleado o en la noche más inquietante, la energía que nos fluye para empujar, alegrar o fastidiar a nuestra compañía, cercana o lejana, se acaba, en un segundo, en un parpadear, ya no eres sino sólo la energía de un recuerdo.
ante inminencias, las palabras se hacen cortas, tal vez por que no sabemos que suceda después, o tal vez, porque nos detenemos más en creer que esto es vida, sin saber como tal qué la muerte es...
hoy me golpea fuertemente la realidad, me golpea a niveles que me hacen escribir... cuando esa energía había sido descargada de mí...
ante inminencias, las palabras se hacen cortas, tal vez por que no sabemos que suceda después, o tal vez, porque nos detenemos más en creer que esto es vida, sin saber como tal qué la muerte es...
hoy me golpea fuertemente la realidad, me golpea a niveles que me hacen escribir... cuando esa energía había sido descargada de mí...
miércoles, 6 de febrero de 2013
Capítulo 5: Infancia (Pt. 1)
Nací en un hogar bastante típico en su estructura, diferente en la cultura, pero igual a los hogares que dibujan los niños en el jardín, un padre, una madre, en mi caso, dos hermanas, y cuando nací, había un nuevo perro, cuyo nombre era Ernest, como el escritor favorito de mi padre, un 'San Bernardo' bastante grande, lo suficiente para intimidar un bebé.
Mi primer recuerdo data de mis cinco años, estábamos en Hungría para esa época, a mi padre, que nunca gustó de Budapest, siempre que estuvimos allá hizo que viviéramos en la ciudad de Györ, ubicado en el condado de Györ-Moson-Sopron, en una casa que desde siempre fue nuestra, estaba cerca a la plaza Gutenberg, aunque es borroso, si recuerdo muy bien cuando mi madre, nos llevaba a mis hermanas y a mí dar un paseo por aquella plaza, el color del paisaje, sobretodo en verano, siempre sedujo mis ojos, y me pareció el lugar más apacible del mundo, en contraste con lo que supongo que en mi cabeza recordaba de Bogotá.
Solía jugar con Zsolt, el hijo del vecino de la casa de enfrente, ese día, el de mi primer recuerdo, me contaba mi madre que estaba yo estrenando un balón nuevo y salimos a jugar en el patio de la casa de él, durante el juego el balón cayó en el patio del vecino de Zsolt, mi amigo solía temerle a su vecino, decía que era un hombre extraño que vivía sumergido en papel, de ese modo, fui yo el elegido para ir a buscar aquel balón, cuando me asomé, vi su figura sumergida en su cuaderno, su lápiz escribía a la máxima velocidad que su mano le daba, pero notaba que su cabeza trabajaba a una velocidad mayor, en ese momento sólo veía su ceño fruncido, después fue que entendí que mostraba su estrés frente a la posibilidad que ese momento de inspiración se le escapara.
Pasé a su lado y recogí el balón, el no atinó a decir nada, sólo sonrió ligeramente, tal vez mis movimientos, mi mirada congelada en su ser sumergido de forma fascinante en un pedazo de papel que para mí era ese cuadernillo, le inspiraron algo más, algo nuevo, tal vez desatoré un vacío literario de esos que suelen atacarnos en los momentos de mejor inspiración, hoy pienso si realmente a mí me sonrió, o estaba sumergido en su texto que nunca notó mi presencia. Aun hoy puedo cerrar los ojos, y verlo, sentado, un cuaderno de hojas amarillas sobre su muslo. Su cabello llegaba a sus cejas, desordenado, unos ojos profundos pero tranquilos.
Luego tuve la oportunidad de verlo, iba con mi padre, y le comenté lo que había visto, aquel vecino era un buen amigo de mi padre, según me contó después, les gustaba mucho reunirse a hablar de literatura antigua, ese día mi padre me contó que aquel hombre era un escritor, y que estaba en la parte final de un libro que le había costado mucho tiempo y esfuerzo escribir, por eso era que estaba así de perdido en aquel trozo de papel.
Tenía algo así como 10 años y veía al cielo con cierta esperanza, la que muchos niños poseen, fue la edad en que por primera vez sentí deseos de expresar con palabras algo, no recuerdo ya su nombre, desde niño he tenido la mala costumbre de desapegarme fácil, a veces duro poco entusiasmado con alguien, y es por eso que también dudo cuando me piden precisar el destinatario de mis textos. Los únicos textos que puedo distinguir su destino, hoy día, son aquellos que iban dedicados a Ella, de resto, preciso la razón y explico la idea, pero el destino es ajeno a mi memoria.
Mis textos de niño no tuvieron nada impactante, la belleza en la niñez es simple, flores, nubes, mar, sólo el cielo es infinito, las metáforas son mas bien descripciones claras. Para la única persona que mis textos eran destacables era para mi Madre, María Nieto, la cual, gustaba de verme desempeñar cualquier arte, sin que ella lo fuera, sentía que eso me hacía un ser más conectado con sus sentimientos, sin imaginar que esa conexión te genera costra en el alma cuando te maltratan seguido, y que esa sensibilidad me hizo entender que quiere la gente, pero perdí mis intenciones en arriesgarme, así se volvieron mis relaciones interpersonales, después de Ella, mi corazón como mis letras soportaron hasta un punto, después de esa línea delgada, no me destaqué por ser la mejor pareja, sólo una más.
Aparte de las niñas, gustaba de leer, no leía lo suficiente, pero si más que el promedio, que de hecho, lee muy poco, por ende, mi pasión por la lectura, no era sino una pequeña mejora respecto al promedio. He de decir, que mi lectura, la de hoy, se la agradezco a mi Padre, Elíecer Grahamm, un ávido y gustoso lector, a diferencia mía, el es un monumento a la cultura, siempre que tengo alguna duda, él la responde con suprema veracidad y sucede que al buscar en cualquier libro, encuentras la respuesta como si el la estuviera leyendo o recitando del mismo libro, con la diferencia que el la entiende en cada parte, y te la puede explicar muy fácil.
Mi Padre, siempre abogaba por que fuese alguien calmado, él tendía a ser muy tolerante, y ante todo, muy respetuoso ya fuese de la indolencia o de la ignorancia, esta última, nunca recalcada por él. A diferencia mía, que suelo cometer el acto estúpido de enojarme con quien no sabe, desde que me fue otorgada la conciencia, me hice líder de esta actitud.
Mi primer recuerdo data de mis cinco años, estábamos en Hungría para esa época, a mi padre, que nunca gustó de Budapest, siempre que estuvimos allá hizo que viviéramos en la ciudad de Györ, ubicado en el condado de Györ-Moson-Sopron, en una casa que desde siempre fue nuestra, estaba cerca a la plaza Gutenberg, aunque es borroso, si recuerdo muy bien cuando mi madre, nos llevaba a mis hermanas y a mí dar un paseo por aquella plaza, el color del paisaje, sobretodo en verano, siempre sedujo mis ojos, y me pareció el lugar más apacible del mundo, en contraste con lo que supongo que en mi cabeza recordaba de Bogotá.
Solía jugar con Zsolt, el hijo del vecino de la casa de enfrente, ese día, el de mi primer recuerdo, me contaba mi madre que estaba yo estrenando un balón nuevo y salimos a jugar en el patio de la casa de él, durante el juego el balón cayó en el patio del vecino de Zsolt, mi amigo solía temerle a su vecino, decía que era un hombre extraño que vivía sumergido en papel, de ese modo, fui yo el elegido para ir a buscar aquel balón, cuando me asomé, vi su figura sumergida en su cuaderno, su lápiz escribía a la máxima velocidad que su mano le daba, pero notaba que su cabeza trabajaba a una velocidad mayor, en ese momento sólo veía su ceño fruncido, después fue que entendí que mostraba su estrés frente a la posibilidad que ese momento de inspiración se le escapara.
Pasé a su lado y recogí el balón, el no atinó a decir nada, sólo sonrió ligeramente, tal vez mis movimientos, mi mirada congelada en su ser sumergido de forma fascinante en un pedazo de papel que para mí era ese cuadernillo, le inspiraron algo más, algo nuevo, tal vez desatoré un vacío literario de esos que suelen atacarnos en los momentos de mejor inspiración, hoy pienso si realmente a mí me sonrió, o estaba sumergido en su texto que nunca notó mi presencia. Aun hoy puedo cerrar los ojos, y verlo, sentado, un cuaderno de hojas amarillas sobre su muslo. Su cabello llegaba a sus cejas, desordenado, unos ojos profundos pero tranquilos.
Luego tuve la oportunidad de verlo, iba con mi padre, y le comenté lo que había visto, aquel vecino era un buen amigo de mi padre, según me contó después, les gustaba mucho reunirse a hablar de literatura antigua, ese día mi padre me contó que aquel hombre era un escritor, y que estaba en la parte final de un libro que le había costado mucho tiempo y esfuerzo escribir, por eso era que estaba así de perdido en aquel trozo de papel.
Tenía algo así como 10 años y veía al cielo con cierta esperanza, la que muchos niños poseen, fue la edad en que por primera vez sentí deseos de expresar con palabras algo, no recuerdo ya su nombre, desde niño he tenido la mala costumbre de desapegarme fácil, a veces duro poco entusiasmado con alguien, y es por eso que también dudo cuando me piden precisar el destinatario de mis textos. Los únicos textos que puedo distinguir su destino, hoy día, son aquellos que iban dedicados a Ella, de resto, preciso la razón y explico la idea, pero el destino es ajeno a mi memoria.
Mis textos de niño no tuvieron nada impactante, la belleza en la niñez es simple, flores, nubes, mar, sólo el cielo es infinito, las metáforas son mas bien descripciones claras. Para la única persona que mis textos eran destacables era para mi Madre, María Nieto, la cual, gustaba de verme desempeñar cualquier arte, sin que ella lo fuera, sentía que eso me hacía un ser más conectado con sus sentimientos, sin imaginar que esa conexión te genera costra en el alma cuando te maltratan seguido, y que esa sensibilidad me hizo entender que quiere la gente, pero perdí mis intenciones en arriesgarme, así se volvieron mis relaciones interpersonales, después de Ella, mi corazón como mis letras soportaron hasta un punto, después de esa línea delgada, no me destaqué por ser la mejor pareja, sólo una más.
Aparte de las niñas, gustaba de leer, no leía lo suficiente, pero si más que el promedio, que de hecho, lee muy poco, por ende, mi pasión por la lectura, no era sino una pequeña mejora respecto al promedio. He de decir, que mi lectura, la de hoy, se la agradezco a mi Padre, Elíecer Grahamm, un ávido y gustoso lector, a diferencia mía, el es un monumento a la cultura, siempre que tengo alguna duda, él la responde con suprema veracidad y sucede que al buscar en cualquier libro, encuentras la respuesta como si el la estuviera leyendo o recitando del mismo libro, con la diferencia que el la entiende en cada parte, y te la puede explicar muy fácil.
Mi Padre, siempre abogaba por que fuese alguien calmado, él tendía a ser muy tolerante, y ante todo, muy respetuoso ya fuese de la indolencia o de la ignorancia, esta última, nunca recalcada por él. A diferencia mía, que suelo cometer el acto estúpido de enojarme con quien no sabe, desde que me fue otorgada la conciencia, me hice líder de esta actitud.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)