lunes, 17 de febrero de 2014

cuando escribo y cuando te escribo

Tomé el esfero y la historia fluyó,
su punta silenciosa, se deslizó,
mis ojos, mirando detrás de mis párpados,
la historia tomaba forma y nombre.

El cielo estaba azul, y luego lloró,
se cubrió con su cobija gris de tristeza,
y no me importaba, si era sol o luna,
si era estrella, si era nube, sólo era yo.

Amo cuando escribo a solas,
cuando hay oscuridad o hay luz,
cuando sólo imagino lo que sigue,
cuando crees que cuento mis historias.

Y así, así como viene una estrofa tras otra,
hubo una frase, hubo una visión,
hubo algo que conspirara, algo que satisfacía,
por eso amo cuando estoy en mi.

Me invento odios, y amores, ojos expresivos,
sentimientos encontrados, esfuerzos por lograr,
me invento lo que quisieras leer, lo que quieres vivir,
me invento y reinvento, me escribo y te describo.

También amo cuando me pierdo en mis supuestos,
cuando navego las aguas del podría,
no a mi, no a ti, al mundo... 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Lo nuestro es de nosotros

De puntitas, tus pies caminan sobre mi pecho, de puntitas tus dedos maniobran por mi cuello, ligeros y aireados tus labios sólo se dedican a contraerse y liberarse en cada espacio que quieres nombrar como tuyo, ese roce es tu bandera, tu marca, aumentan los latidos, mi cuerpo trémulo ante la inminencia de tu cuerpo que ya es casi nuestro, cuerpos justos, cuerpo somos uno, mis latidos comienzan a sincronizarse contigo, igual a nuestra respiración que también está ya tocando el mismo ritmo.

Viéndonos a los ojos, viéndonos hasta la otra vida, viéndonos todos, uno sólo, dos, uno sólo. Cada una de nuestras extremidades sabe y reacciona antes que nosotros sepamos, la sangre viaja incansable, bombea los sentidos, bombea el espíritu, es sangre de fuego que enciende cada uno de los órganos nuestros, por eso nuestras manos hacen combustión, nuestros besos incendian todo, nosotros, nos quemamos en este encuentro entre cuerpos inflamables.

Ardiendo y ardiendo, un látigo de fuego, un monstruo imparable que pasa de cabeza a cabeza, de tí a mí, de mi a tí. A nadie importa, tu y yo somos anónimos en este mundo de nombres, somos pasos no contados en esta carrera de caminantes, somos decisión tomada en este mundo de resignados, por eso ardemos y ardemos, en este hermoso e incontenible fuego, tus pies, tus dedos, tus labios, toda tú caminas sobre mi de puntitas para no hacer ruido, porque toda tú sólo haces música conmigo.