"El amor está en todo, hasta en la sopa, o mejor hasta en la papilla", tengo serías dudas sobre el tipo de cariño que le tenían a ese niño, además de sus gustos culinarios, eso, o el publicista de semejante intento de ternura lo habían vuelto mierda producto de alguna ilusión inconclusa, o como algunos llaman a los arrebatos de terquedad y orgullo, 'encacorramiento', en fin, el amor no está en todo, y menos creo hoy que esté en lo máximo o en lo mínimo, diría que es un todo.
Pero antes de caer en cualquier mamertismo, sé que el tema no es del afecto de muchos, y de hecho llego a mi nueva 'ley universal' de hoy porque ultimamente me han hecho mucho hablar del enamoramiento, y pues el cuestionarlo desde tantos ángulos me ha hecho ver cosas particulares. Una precisión es precisa como diría yo mismo hace cinco palabras, no se trata de un texto sobre la prueba no superada.
En que consiste la maldición del enamorado, preguntarán los que prestaron atención al título. Saben, entenderán los que realmente lo han estado, porque los que no, tal vez en este momento estén haciendo caras y diciendo, bah, usted que sabe, o yo sí, pero mi historia es distinta, o cualquier otro intento de despeculiarización, que al final, no es sino intentar huir a las 'leyes universales', que tiendo a transmitir más de forma oral, que escrita.
Volviendo al saben... cual niño disperso, es sencillo y complejo, aquel que ha estado enamorado, difícilmente vuelve a cautivarse de alguien con facilidad, suena raro. De nuevo, ya no se traga como niño de colegio de cualquier persona que cumpla con los estándares mínimos, de hecho, aún cuando cree que ya está enrutándose, tiende a desilusionarse con cierta rapidez, uno ya sabe bien lo que quiere, lejos de comparaciones, es el concepto y no el estilo.
De hecho sucede que uno adquiere una paciencia específica, la cual deja que pase más tiempo del debido, pero con ese tiempo se exigen resultados mucho más positivos que antes, donde uno se conformaba con que fuera relativamente bien o que fuera simplemente, importando poco la felicidad, algo que no se contemplaba.
La maldición hace que lo que simplemente bueno es, no te sacie, tiene que ser excelente, no porque así lo quiera, sino porque hay algo dentro tuyo que ya no lo acepta, que ya no lo puede disimular, cuando algo no te llena. Maldita maldición, que no piensa en la gente que quiere rehacer su vida. Es cierto quien decía que el amor es una droga, y como tal, te ciega a la realidad.
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