Mi rostro, conocido por ti desde que vi la luz por primera vez, no cabe en su dicha, mi sonrisa, la misma que contigo abarca más allá que mi rostro, sólo refleja mi alegría que se convierte en acto, lejos de casa, pero nunca del hogar, eres la extensión de mi amor, pues quieres lo que quiero y cuidas lo que cuido, estando sentados frente al mismo aparato hablando, compartiendo, desde un silencio, desde un suspiro, sin miedo a negar el miedo o la historia, la tranquilidad de saber que te tengo, no la puedo cambiar.
No pienso en que el tiempo haya sido insuficiente, porque no considero que en la vida haya tiempo suficiente, tampoco hizo falta lágrimas, porque no hubo el más mínimo adiós. Te digo que cada momento en que vi esa franca sonrisa en tu rostro, no fue sino la prueba que no hay mejor camino para ti que el que tomas, es cierto cuando dicen que la felicidad es el modo, no el destino, y mientras estés cobijada bajo ese manto, no dudaré en apoyarte con mi abrazo fuerte, en visitarte donde te encuentres, en recibirte cuantas veces y tiempo sea necesario, con tal de que nunca se desvíe tu ruta.
Me ha halagado dios contigo, lo mínimo que puedo hacer es agradecerle cuidándote y queriéndote, hasta que nuestra memoria sea de los que vienen detrás de nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario