Escuchame atentamente, porque puede que no repita nunca más esto que voy a decir, abre bien los ojos querida y escuchame con la mirada leyendo mis labios, escuchame con el tacto, sintiendo el sonido de mis palabras, degusta el sentimiento que saldrá de mis promesas, y del beso contundente que te daré al terminar. Escuchame con cuidado, no importa cuanto ruido nos rodee, cuantos corazones de repuesto hayamos tenido que conseguir, no importan las historias que usan los escépticos para protegerse del amor por miedo al desamor, porque no creemos en eso, no cuidaremos del camino porque nos lo estaremos gozando y con felicidad el tiempo es efímero, puede que no lo sepas del todo, todo, yo tampoco lo se, pero es esa incertidumbre el mejor impulso para hacerlo bien, sin verdades a medias, sin historias no contadas. Esto no es de caprichos, ni de voluntades tercas, no es de enojo sin fundamento, ni de tolerancia sin respeto, el breve palabrario que te traigo tampoco tendrá palabras inventadas por mi, algunas por nosotros, pero no irá más allá. Siéntate si es que acaso la sorpresa te aumenta la gravedad, acuestate si las piernas te traicionan en el mejor momento. Quieres algo de tomar? Quieres algo de comer? Quieres escuchar lo quieres que diga? O quieres escuchar lo que vengo a decirte?
No daré mas vueltas, no haré mas preludio, escuchame atentamente porque esto es planeado, pensado y decidido, no es por reacción o respuesta, no es una frase o palabra disparada por una inyección de felicidad. No oigas, no veas, no roces, escucha, observa y siente:
Te quiero tanto, que te amo a poquitos, tantos, como segundos me quedan de vida.
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