sábado, 10 de junio de 2017

Pescador

Difícilmente lo descubrí, 
dolorosamente.
No soy un pescador,
no importa cuantos peces haya,
no importan las opciones,
hice mi elección,
pero mi elección me rechazó.

Ser un pescador no es lo que quiero,
y preferí volverme un navegante,
un mero espectador del agua
y sus habitantes.
Un pescador caza, prueba y reintenta,
a veces solo atrapa, para soltar,
por saber que aún puede capturar.
El pescador está solo,
el navegante, tiene otra historia...

Porque como navegante,
quisiera que fueras viento, 
fijarnos un destino juntos,
que fueras mar y que fueras barca,
que fueras capitán y yo,
volverme viento, o mar o río.
Si, quisiera que los dos fuéramos todo.
Un solo ente navegante.

Pero no importa,
una cosa es el deseo,
y otra el hecho.
Estar a la deriva me enseñó 
que la deriva no existe,
que me he fijado rumbos
de los que hoy me arrepiento.

Puedo usar la soberbia,
creer en un cuento,
qué elegí con consciencia plena,
o puedo usar la honestidad, 
entender en que me equivoqué,
enderezar mi rumbo 
y sólo navegar. 

Dejarme llevar por el viento tranquilo,
divisar todo tipo de paisajes,
ser feliz por el camino, 
más que creer que existe un camino de felicidad.
No quiero tampoco quedarme 
estancado en islas, o 
persiguiendo un pez 
que ni siquiera quiero atrapar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario