Dos discos y una sóla idea, escribir sin parar haber si se puede aguantar, cada canción repta tu piel, te invoca a no invocar, el que se tapa la boca para no decir, el que ríe, como quien se escapa en la noche de opera por la rapsodia bohemia, pero es demasiado tarde, ya naciste donde naciste y tu ultima prueba es afrontar lo que tienes frente, un solo imbatible que en ningún video juego podrás encontrar, del rey y su nacimiento para morir, del nacimiento para morir de todos, de la locura de pocos, de la locura de los que tengo cerca, del seguir escribiendo para que la soda no sea caústica y se encienda en humos y fragores, del intentarlo por muy poco, objetivos no tienes, solo una palabra. Pero las piedras que ruedan sobre un coro angelical te dicen que pierdas el impulso a rodar, y que conseguirás lo que necesitas, y con esa sonrisita cuando estás en modo Moody, en modo todo puedes, en modo que sabes lo que consigues, y aquí, sigues sin entender lo que escribo, o sólo parte, donde conozcas o te identifiques, y no es fácil, porque es para pocos, o para ninguno.
Las piedras ruedan bajo mi pulgar, con una voz que reconforta, consigues lo que hay bajo la protección de la oscuridad, lo que no consigues bajo otra parte, y así, los héroes japoneses llegan con un héroe que vive en una cadencia repetida por más de cuatro minutos, y así, llegó al loco de siempre que bendice tu alma, y piensa que soy loco, y piensa que es loco, posiblemente, como todos.
Alguien arrivó....
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