La medianoche enrarecida por el exceso de artificialidad, luces exhacerbantes inundan el cielo que deja de ser estrellado, faroles son estrellas en ese paisaje de mentiras. En el Arcoiris de Radiohead camino hacia la madrugada, no corro porque de afán no hicieron mi ser, por eso, con la paciencia que me caracteríza, dejo sólo que el entorno desespere, como siempre espero, sabiendo que el sol saldrá de nuevo, y tu luz me buscará para darme calor.
Aún siento aquel abrazo en mi espalda de esa persona que quiero mucho, hace que el frío sea una refrescante brisa, mi espalda habla hoy el lenguaje que mejor entiendo, pero que no gusto ni quiero escuchar, debatido entre el dolor y el confort, aunque intento dosificar los restos de aquel abrazo para toda la noche, no lo consigo. Dicen algunos que cuando mantienes una conexión con una persona, esta desde la distancia es capaz de sentir que necesita acompañarte, hablarte o aliviarte, por eso en esta noche no requiero de estrellas fugases, ni de faroles intermitentes.
Como siempre, con el final del vuelo el viaje empieza, no termina, así lo cotidiano sea, el día que inicia. Todo es nuevo cuando sabes que has cambiado, todos tenemos nuevas historias, besos jamás contados, vidas jamás vividas, la madrugada sucede, con su viento que me mantiene despierto, y pienso que no temo, tal vez porque mi ángel de la guarda y las oraciones de mi madre me han mantenido y me mantienen por la ruta que debo tomar, a salvo y feliz.
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