Poca gente en mi vida me ha marcado en mi forma de hacer las cosas como lo ha hecho Edgar. Edgar, es un muchacho bastante plural, o sea, es como cualquiera, de hecho, entre la gente que se que lo distingue o dice 'conocerlo', él pasa como alguien un poco tonto. Pero para mí, que he tenido la oportunidad de conocerlo bien, lejos está de serlo. Su filosofía de vida es un poco rara, y funciona muy distinto a como nosotros solemos hacerlo, diría que es extremadamente racional y práctico, demasiado para el gusto de cualquiera, incluyendo el mío.
Édgar, ya no gusta de conquistar mujeres, para él, el tema es una fórmula, mover tres botones y la solución está dada. Yo todavía no llego a ese nivel de credulidad, pero por ahora, les cuento un episodio de mi vida del que él es responsable. En cierto momento salí con una mujer, la conocí en el cumpleaños de un compañero de la revista, y era hermana del encargado de la sección de deportes con quien me la llevaba muy bien. "La chef" y yo, comenzamos a salir, al principio, el tema fluyó con gran naturalidad, gustábamos de la misma música y libros, la chef siempre ha sido una crítica interesante de mis escritos, un punto de vista bastante objetivo en mi parecer.
Al cabo de un mes, la chef y yo ya estábamos en un semi idilio el cual, consistía en que la recogía regularmente a eso de las 3 de la tarde, paseábamos por los alrededores de la ciudad, o en la ciudad misma, terminábamos haciendo el amor en cualquier lugar, donde la pasión de la tarde nos tomara, me encantaba el hecho que ella solía usar vestidos, con el férreo interés de mostrar sus piernas, fuertes y delicadas, torneadas y firmes, piernas que desde el principio que conocí, quería tener constantemente rodeándome la cintura. No importaba el lugar, siempre terminaban sus vestidos reducidos en su cintura, y mis pantalones a unos cuantos metros.
Me apasionaba escucharla cuando expresaba su forma de ver el mundo y su pasión por su oficio, en el cual, siempre era delicada y meticulosa, y sucede que nada es para mi más atractivo que alguien que ama lo que decidió por profesión. A veces, nos quedábamos en el comedor, horas y horas hasta la madrugada, hablando de cualquier cosa, simplemente compartiendo un trozo de nuestra historia.
Al cabo de pocos meses, ella iba adquiriendo una actitud un poco distinta a la que conocí inicialmente, y estos cambios de personalidad repentinos siempre han sido de mi desagrado, cómo un ser humano muta a un ser que frena todo lo que crece en nuestro interior? Desde mucho antes de ella, había entendido que las relaciones entre personas no son un acto de resignación, sino todo lo contrario, son un acto de inconformismo, de un inconformismo constructivo, de cambio constante, si una relación no te construye, no vale la pena, nacimos solos, la pareja existe para complementar ese ser humano que tu solo no eres, no para arrebatar tus sueños y esperanzas, no para quitarte la paciencia, sino que todo aquello que planeas, se haga realidad.
Debido a que mi corazón ya se enfriaba ante aquel cambio, debía dar solución sin que todo se convirtiera en un torrente de dolor continuo, en una cascada de reproches sin sentido ante la honestidad que es decirle a alguien que no le estás correspondiendo. El método, aprendido del buen Édgar, es muy sencillo, tan sólo debía saturarla de mí.
Existe un chiste popular que dice que si la quieres alejar debes decirle que la amas, y eso las hará correr, no creo como tal en eso, pero me empeñé en seguir los consejos de Édgar al pie de la letra, comencé por escribirle seguido, le escribía muchas cosas, todas se las dedicaba, la elevaba a metáforas exageradas, la elevaba a pedestales que en mi mente nunca habían existido, exploré una etapa de mí que no creí tener, pensaba en lo que había sentido con Ella para conseguir esa prosa continua, la buscaba seguido, la llamaba, la llené de mí hasta que rebosó, hasta que un día me dijo que yo era mucho para ella, etc., para mi era cómodo y no me desesperé en tener que creerle o no, simplemente dejé que siguiera su camino.
Es cierto que fue un mes que me agotó bastante, un mes entero de atiborrarla con muchas cosas, ocasiones, momentos, pero eso me ahorró meses y meses de reproches, de 'ires y venires', me evité su dolor, de mujer dejada, de ego frustrado, de inseguridades a flote, la Chef se fue, pensando que ella había tomado la decisión de irse, se fue teniéndome lastima porque yo quedaba ahí, súper enamorado, con miles de textos no entregados a ella, con el deseo en su máximo punto. No fue la única con la cual utilicé aquella estrategia, pero si la primera, con la que aprendí que el dolor del rompimiento no es otro que el de sentirnos poco valiosos, menos que cualquier otro.
La contacté par veces después, "es bueno reafirmar la idea de que uno está ahí", eso me decía Édgar, "sino, la Chef intentará volver a reclamar su lugar, aunque no quiera estar contigo, querrá ser el sol en aquella galaxia que es tu vida...". Lo último que supe de la Chef, es que había conocido alguien que gustaba de su actitud atípica, de su cambio de personalidad, y eso es perfecto, alguien necesitaba de ese ser distinto que mutaba cuando se aproximaba al amor.
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