domingo, 30 de diciembre de 2012

Mensaje de fin de año.

Hace 364 días, era 1 de enero, y me desperté feliz, me desperté tranquilo. Tengo dos cierres de año, uno en diciembre donde hago balance de esos doce meses, y otro en julio, donde hago balance de mi vida. Cuando pienso sobre este año, creo que la buena energía con la que amanecí no fue sino la premonición de lo que iba a pasar, que comenzó con sucesos extraños pero tal vez más predecibles de lo que jamás imagine. Hechos que al final no cambiaron nada del curso natural de las cosas. Hoy retomo aquel análisis y reflexión respecto a lo que sucedió, y a como, a mi parecer cambie mucho. No me extiendo en explicaciones, pues este es más un ejercicio de decirme y que tal vez tu digas: no me interesa.

Respecto a lo real, puedo decir que este año me enseño a enfrentar miedos y a enfrentar mentiras autodichas, creídas en forma y fondo. No digo que ya todo lo haya superado, miedo es miedo, autoengaño es autoengaño, pero reconocer aquellas cosas da un alivio que vale muchísimo, ante todo, alejarse de la negación, de aquel sentimiento que sólo busca hacernos ver por fuera más fuertes o más capaces, pero sólo por fuera, por dentro, las verdades se siguen cosechando, siguen creciendo, y por eso cuando ya no caben en nuestro cuerpo terminamos explotando. En pocas palabras me enteré un poco de mi, y tal vez si, perdí algunos miedos.

Este fin de año lo resumo en pocas palabras, pienso en mis mensajes extensos de años anteriores, en las promesas rotas, en la sarta de objetos que se convertían mis propósitos. Para este que viene pienso que quiero menos propósitos y más hechos. Se que y a quien quiero, se un poco más de un poco menos, se, que es lo importante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario