reptas lentamente por entre los cuerpos de tus mejores víctimas, con susurros leves obedecen a tus andanadas de placer. Sus manos arriba, sus piernas listas, objetos, sujetos, palabras, cualquier elemento que imponga tus pensamientos sobre las ideas o la razón. Reptas cegando al individuo, alimentándole su ya satisfecho apetito de impotencia, de odiada incapacidad, para que tu veneno sea más efectivo que de costumbre. Juegas con sus inseguridades, con sus miedos, que todo sea por una razón negativa, que todo tenga un contra.
Eres cualquier tipo de acto, siempre y cuando lastimes en lo hondo, donde cicatriza más lento, donde no siempre cicatriza. Te satisfaces con la seguridad de que no haya solución distinta a una semilla tuya en una víctima por herencia.
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