me arrodille a orar por el amor pedido,
el amor perdido, me incliné ante su cálido ser,
mientras me solía odiar cuando arrastraba todas
mis penas por el mismo camino que será.
Quemé los ideales dentro de los colores que
dan a tus puertas, las puertas que quería e intentaba
abrir. Cambié de destino, cuando mi nombre fue
confundido en el rostro, escuché y callé.
Vine a presenciar las quemaduras de tu espalda,
como sufren los ángeles para obviar sus alas,
como sufren los ilusos para obviar su realidad,
mi búsqueda se detiene donde encuentro...
...que quiero el mismo concepto...
sin importar el rostro...
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