Hoy te hablo, con la mano en la palma de la contraria, pidiéndote que me liberes mi corazón, de la cadena con la que se amarró él mismo, quiero dejar de sentir como siento. Quien no quiere, simplemente no querrá, y quiero mi libertad, que se vaya mi corazón, mi mente y mi alma, si es necesario que se vaya mi cuerpo, lo prefiero a este dolor de sentirme no libre. Sigo cayendo aunque no se si hay abismo o tan sólo una caída sin final sin paradas para descansar, sueño, pensamiento, hecho.
Llévatelos, tantas veces como requiera para renacer, tanto que no quede la mínima esencia mía, que no quede ni el silencio quebrando las vidas de los que me rodean, voltear todos los hechos, hasta que sólo imaginación vuelva a ser. Para que me libres del mal sabor de boca, del mal sabor de recuerdo, de los amores no hechos, de los abrazos no extensos.
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