Tan sólo escucharte, leerte un momento
y saber que estás triste, me vuelve piedra,
no de aquella insensible, no de aquella inanimada,
de aquella inmóvil, que quiere rodar, pero se siente inútil.
Tu voz un instante es un coro en mi cabeza, que me repite frases,
que me pide a gritos respuestas, que me pide letras,
redobla y repite, redobla y escucha, redobla y pide,
platillo y calla, no hay respuestas, no hay palabra.
Cuánto tiempo hemos extrañado lo que tenemos a la mano?
El vacío existe cuando la lucha no ha sido incansable,
cuando el deseo es inagotable, cuando, cuando...
te quedas sin impulso, sin aire, vacío....
Las voces no callan, y nunca callarán, seguirán incesantes,
seguirán impacientes, pedirán y pedirán, cuando llenes el vaso,
querrán llenar el plato, cuando llenes el plato, querrán la alacena.
Extrañar es un reflejo de nosotros los mortales,
esperar es un vicio de nosotros los impacientes,
cuando la tristeza nos persigue la esperamos,
cuando la tristeza nos alcanza, nos embarga...
cuando se nos ha embargado la alegría,
el pago por recuperarla es cada vez mayor.
Recuerda cuando en vacaciones disfrutabas en cuclillas,
cuando era un placer dormir una hoja, ver luciérnagas,
intermitentes en la noche, un faro a nuestra ceguera,
un camino a nuestro despojo, una luz...
Bombo, luz, bombo, camino, bombo, calma...
un rasgar sencillo del suelo, un olor a mar,
un olor a verde, un olor a cielo, un olor a infancia,
rasga, escucha, rasga y disuena, rasga y grita,
las voces se callan cuando oyen, las voces se pierden,
la distancia al moverse hace que las voces estén lejos,
murmullos perpetuos, es el regalo de dios,
murmullos que no sabemos acallar,
voces murmullantes, insistentes,
voces exigentes, reiterantes,
voces extrañas, conocidas,
voces diversas, únicas,
voces al cabo y
voces al fin,
voces...
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