Ódiame lentamente, ódiame con cariño por el odio, ódiame como si odiarás que yo tuviera la razón, ódiame por creer que tengo la solución, por mi palabrería barata, ódiame por no dar la talla, por ser el pasado que no se calla, que se cree mejor, que se cree perfecto. Ódiame con paciencia, y ódiame con gusto, saborea ese odio que reafirma todas tus ideas acertadas y nunca equivocadas, ódiame por no reconocerlo.
Ódiame sin importancia, no la tengo, ódiame al punto que el odio sea paisaje, que ya ni lo recuerdes, que sea el pan de cada día de odio, de cada día de incertidumbre.
Te invito a que me odies no porque no me duela tu odio y tu indiferencia, sino porque me han dicho que del odio al amor, hay tan sólo un paso, al final, es sólo cuestión de paciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario