Hay días en los que suelo despertarme o acostarme sentimental, cuando lo hago, me descubro descubriendo, me veo pensando, me encuentro reflexionando. Cada paso en mi vida ha sido un paso más hacia cada una de las cosas que tengo, que poseo, que son mías y que pocos comparten.
Tal vez para muchos, esto no es cosa de hombres, los hombres, debemos cumplir con ser rudos, con no demostrar nada, y es tal vez por eso que a veces nos ahogamos en nuestros dolores, o tal vez nos ahogamos en nuestras alegrías, menos en esas últimas, esas pueden ser expresadas con menos castigo. Hace tiempo aprendí que esos prejuicios de género son una base, no un camino, y el que en ello está, no avanza hacia ningún lado. Decirle a mis amigos, que los quiero mucho, es lo menos, por aquel día a día, de escucharme lo mucho o poco que pueda decir, de lo poco o nada que pueda hacer.
He de despertarme como me despierto hoy, tal vez para decirlo, para comentarles, que mi agradecimiento por haberse vuelto poco a poco parte de mi familia, no es medido de ninguna forma, nadie nunca es capaz de pagar lo que de buena intención recibe de primera mano.
Dios sabe bendecir, y a veces, nosotros no sabemos observar, nos instamos con ver, hasta ahí llega la capacidad nuestra de recibir, en mi caso, sé que ustedes, uno a uno, han sido el soporte en mis coyunturas, en mis días de todo tipo, una de las mejores bendiciones recibidas y con todos los cajones de frases regados por mi habitación, me veo a su lado, en miles de años luz adelante, aún hablando de lo mismo que siempre hablamos, de las décadas vividas, siendo una gran familia, todos, en una, como ya lo son para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario