sábado, 3 de noviembre de 2012

Capítulo 1: Predestinado

Eran algo así como las nueve de la mañana, su ropa interior yacía de mi lado de la cama, en el piso, sabe cual es mi favorita, de hecho, la compró también en rojo, sabe que me encanta como ajusta el encaje sobre su cuerpo, sobre su piel uniforme. Siempre que planeamos vernos, ella la usa, es como nuestro uniforme, así sea cada tres meses que suceda, y siempre terminemos en sus sabanas o en las mías. El plan, es siempre igual, vamos y comemos, el restaurante es lo único distinto en cada ocasión, depende nuestro estado de ánimo, escogemos comida de mar, cuando nos sentimos aventureros, italiana cuando estamos felices, colombiana cuando estamos cerca a algún evento familiar, española cuando estamos con el deseo en su mas hermosa expresión, en fin, es sin pensarlo, solo sucede, sólo estamos llegando a un lugar, seleccionado por ella o por mí, y sabemos que nos sentimos de la misma forma sin pronunciar palabra.

Seguimos al bar de siempre, ya saben como le gusta el 'Cosmo', de hecho, siempre le ponen dos frambuesas en el fondo, ese es su estilo, la firma de su coctel, a mí, un vodka, con jugo de limón, separados, y un vaso extra, así es la noche, bailando y hablando, tomando y mirándonos, no importa para cual casa cojamos, siempre estamos de acuerdo. Es curioso suelen decirnos que nos entendemos bien, pero ella y yo sabemos que sólo nos entendemos así, hablando de nuestras aventuras, jugando a lo que jugamos.

Si nos encontramos en algún lugar, sin haberlo planeado, hacemos como si no nos conocieramos, tal vez un mensaje de texto luego, pero gustamos de vernos de lejos, como si el otro fuese un extraño, yo sé como ella coquetea, como busca lo que le gusta, sé cada uno de sus movimientos para obtener lo que se propone. Ella, es igual, dice que antes de besar a una mujer que estoy ligando, sonrío y miro hacia la izquierda, luego miro de frente y me lanzo al ataque, dice que esa es la última pieza de mi baile de cortejo, que siento que me veo interesante haciéndolo, pero que igual, funciona.

No importa donde termine la ropa, porque no sabemos donde terminamos, a veces, ni nos acordamos donde empezamos, llegamos, revisamos las agendas, y estamos en lo nuestro, estoy en sus sonidos cadenciosos, en su cara provocativa, estoy en sus manos que agarran con fuerza mi pecho, que empujan mis nalgas, estamos los dos muy bien por un sólo momento, habiendo satisfecho nuestras ganas de hablar, de volver a coquetear con nuevas armas, de sentirnos deseados, como en pocas ocasiones lo podemos sentir.

Curiosamente al día siguiente, sin mediar palabra, alguno de los dos se levanta a preparar el desayuno de los dos, creo que por eso todo funciona bien, nunca tenemos motivo a discutir o decidir sobre el otro, cada uno va asumiendo roles, y es tanto el tiempo que nos mantenemos sólo hablando de forma virtual, que por ese motivo no nos detenemos en esos mínimos menesteres. Curiosamente, ambos siempre recordamos como gustamos de cada cosa, la intensidad del café, la preparación de los huevos, el acompañamiento de las tostadas, todo, sin que se haya tenido que discutir. Durante el desayuno, le comento de mi último intento de tener algo serio, a la última, le pusimos la 'paisa', nunca usamos nombres, sólo ápodos, así es más fácil, los nombres se repiten, los apodos no.

Pienso por un momento en mis momentos con la paisa, algunos de sus gestos, pienso en su cuerpo, podría describirlo con detalle, pero de mi cabeza no sale la imagen de los senos de quien desayuna conmigo, nunca le he dicho que son los más hermosos que he visto, de los muchos que he visto, ella aún duda de ese detalle, y tal vez muera con ese detalle, esa es una línea que no debo pasar, el que ella sepa a veces, estando con otras mujeres la recuerdo, porque su pecho, tal como dios lo tallo teniendo en cuenta el más mínimo detalle, está constantemente en mi memoria, cierro los ojos, y los veo, frente a mí, adornando aquella cintura que se esconde tras ellos.

Mientras todas aquellas imagenes pasan por mi mente, seguimos hablando, le digo que pasó, y porque pasó. Le cuento de mi miedo constante últimamente, si es que estoy predestinado a ser este amante errante, este escritor seudointelectual, aquel que no volverá a encontrar el amor, aquel que sólo se sentirá contectado con ese encuentro trimestral.

El desayuno termina, la acerco a su trabajo, y vuelvo a dormir, tengo que entregar una columna al periódico, pero me pueden esperar esta vez, quiero mirarla de nuevo antes de enviarla. Mi cama, aún conserva su aroma, mis dedos recuerdan su tacto, me ayuda a conciliar el sueño con cierta rapidez.  Despierto y tengo un mensaje de texto suyo, me dice que la pasó muy bien en la comida, que mejore mi ánimo, que todo llega a su tiempo, pero que debo estar pendiente cual es mi tiempo... solemos creer que lo sabemos, pero sólo tiempo lo sabe....

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